jueves, 5 de junio de 2014

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Tengo que pedirlo: pedir disculpas. Pedir disculpas por estar como un gilipollas. Desde que empezó la uni, me he vuelto una persona muy inconstante. Voy a rachas. He entrado en una dinámica que mi cabeza pasa un mes de puta madre y un mes hecho mierda. Lo tengo que reconocer. Ya tuve en noviembre-diciembre una época muy mía; después de exámenes volví a estar alegre; en marzo lo pasé fatal conmigo mismo; después volví a estar normal y desde hace unas dos semanas noto que vuelvo a recaer. ¿Por qué? Por mi forma de ser. No es culpa de nadie. Soy sincero, no voy a intentar echarle la culpa a nadie, es a mí al que le afectan las cosas a rachas. Me aislo, me convierto en una introspección y levanto un muro para quedarme encerrado dentro y no salir; un muro en el que siento que sólo ando de una pared a otra. Me hace sentirme alejado, apartado por mí de todo lo que me importa, de forma estúpida. Empiezo a notar la falta de cariño, del calor de los demás. Siento que me distancio de mis amigos, los de aquí y los de allí. Recuerdo que hay una persona muy importante para mí que me falta y que, por mucho que intenté convencerme, echo de menos. Intento distraerme pensando sólo en los estudios pero me crean ansiedad. Me vuelvo callado, como si no pudiera decir una palabra cuando estoy con alguien. Y, lo peor de todo, os hago daño. Os hago daño porque no sé cómo pedir ayuda, porque quiero tener a alguien justo a mi lado. Mandar una foto de abrazos no es por hacer la gracia, es porque en esos momentos suplico uno a gritos. Y sentir que pierdo el calor me hace ser egoísta y pasar de vosotros, sólo por llamar la atención. Me desespera ser así, de mentiroso por decir que no me pasa nada y de hipócrita porque sí me acompañáis. Pero, a veces, necesito pedir algo más. Odio ser así de exigente con los demás y odio ser celoso por ver lo que tienen otros. Desde hace mucho tiempo echo de menos tener a alguien cercano, alguien tan especial como era Andrea para mí. Alguien con el que ser yo, sin ataduras que me lo impidan. Sé que todo esto depende de mí, de mi forma de ver las cosas en un determinado momento, pero te escribo esto, primero porque quiero decir muchas cosas y sin perderme en inexactitudes; segundo, porque quiero pediros perdón por el daño que os pueda estar causando últimamente; tercero daros las gracias por todo lo que os importo y cuarto, porque no odio nada más que despreciar a alguien que se ha convertido en gran parte de lo que más significa para mí.

domingo, 5 de enero de 2014

No puedo.

Lo siento. No puedo. Estoy perdido. No soy capaz de saber qué decir. Desde el 24 de agosto no soy el mismo. Y no puedes pedirme que continúe sin recordarlo. Lo tengo en mente cada día, cada vez que te veo, cada vez que pienso en ti. No puedo sacarte de mi cabeza, es cierto, tal vez porque durante mucho tiempo hayas sido gran parte de lo que era lo más importante para mí. Alguien con quien entenderme, una persona con la que ser yo mismo, una mente ante sí misma. Eras mi mejor amiga. Hasta que descubrí que no, que era mentira. Que la persona que más apreciaba se desvanecía ante mí. Y jamás la volví a recuperar. No soy una persona rencorosa, pero esas palabras no consigo sacarlas de mi cabeza. Y me condicionan; me hacen ser una persona más taciturna, más insegura de sí misma. Sí, una persona que ha perdido su luz.
Me resigno. Intento olvidarlo. No puedo. No puedo mirarte, no puedo ver tu rostro. No puedo recordar quiénes somos. No puedo entenderlo. Quiero hablar contigo. No puedo. No tengo fuerzas. No puedo plantar cara a la realidad, no puedo hacerte frente. No puedo. Intento alejarme de ti, porque no dejo de pensar en ti. No puedo. Te intento esperar. Doy tiempo porque cura todas las heridas, pero no puedo.

No sé qué ha sido de nosotros. Dímelo. ¿Cómo hemos llegado aquí? Intento comprenderlo, pero desde ese día, me has robado el sueño. ¿Qué tengo que decir? Me hallo rodeado de apatía y no quiero seguir así. No hay pendiente por hacer, ahora que mi atención se ha centrado en ti, todo lo que quiero saber, es la verdad. No me quiero ir, pero a veces siento que debería, porque me estoy cayendo, que me quedo aparte, y que tendría que hacerlo... 

¿Cómo puedes ser la mejor parte de mí, si ni siquiera somos la mitad de lo que solíamos ser? ¿Puedes verlo? Esto no es lo que necesitamos. Y me estoy quedando sin piezas, dejándolas caer al helado suelo... ¿Qué voy a decir? Las memorias permanecen y no se van tan rápido.

Pero estoy aislado, encerrado en mi interior, no consigo vestirme de mí. Siento que hemos construido un muro que nos separa, aunque no seamos tan diferentes. Cada día supone un ladrillo más. Quiero derribarlo, pero tengo miedo del exterior, no sé si quiero ver qué hay fuera. Busco un botón de reinicio, pero no lo encuentro. No puedo.

Quiero la verdad, porque siento que no te conozco. Siento que cada día me conozco menos. Me duele y sangro. No puedo, no puedo disimular que no me importa. No puedo continuar diciendo qué siento, porque tú lo sabes. No puedo...

No puedo dejar de quererte.
No puedo dejar de echarte de menos.