domingo, 5 de enero de 2014

No puedo.

Lo siento. No puedo. Estoy perdido. No soy capaz de saber qué decir. Desde el 24 de agosto no soy el mismo. Y no puedes pedirme que continúe sin recordarlo. Lo tengo en mente cada día, cada vez que te veo, cada vez que pienso en ti. No puedo sacarte de mi cabeza, es cierto, tal vez porque durante mucho tiempo hayas sido gran parte de lo que era lo más importante para mí. Alguien con quien entenderme, una persona con la que ser yo mismo, una mente ante sí misma. Eras mi mejor amiga. Hasta que descubrí que no, que era mentira. Que la persona que más apreciaba se desvanecía ante mí. Y jamás la volví a recuperar. No soy una persona rencorosa, pero esas palabras no consigo sacarlas de mi cabeza. Y me condicionan; me hacen ser una persona más taciturna, más insegura de sí misma. Sí, una persona que ha perdido su luz.
Me resigno. Intento olvidarlo. No puedo. No puedo mirarte, no puedo ver tu rostro. No puedo recordar quiénes somos. No puedo entenderlo. Quiero hablar contigo. No puedo. No tengo fuerzas. No puedo plantar cara a la realidad, no puedo hacerte frente. No puedo. Intento alejarme de ti, porque no dejo de pensar en ti. No puedo. Te intento esperar. Doy tiempo porque cura todas las heridas, pero no puedo.

No sé qué ha sido de nosotros. Dímelo. ¿Cómo hemos llegado aquí? Intento comprenderlo, pero desde ese día, me has robado el sueño. ¿Qué tengo que decir? Me hallo rodeado de apatía y no quiero seguir así. No hay pendiente por hacer, ahora que mi atención se ha centrado en ti, todo lo que quiero saber, es la verdad. No me quiero ir, pero a veces siento que debería, porque me estoy cayendo, que me quedo aparte, y que tendría que hacerlo... 

¿Cómo puedes ser la mejor parte de mí, si ni siquiera somos la mitad de lo que solíamos ser? ¿Puedes verlo? Esto no es lo que necesitamos. Y me estoy quedando sin piezas, dejándolas caer al helado suelo... ¿Qué voy a decir? Las memorias permanecen y no se van tan rápido.

Pero estoy aislado, encerrado en mi interior, no consigo vestirme de mí. Siento que hemos construido un muro que nos separa, aunque no seamos tan diferentes. Cada día supone un ladrillo más. Quiero derribarlo, pero tengo miedo del exterior, no sé si quiero ver qué hay fuera. Busco un botón de reinicio, pero no lo encuentro. No puedo.

Quiero la verdad, porque siento que no te conozco. Siento que cada día me conozco menos. Me duele y sangro. No puedo, no puedo disimular que no me importa. No puedo continuar diciendo qué siento, porque tú lo sabes. No puedo...

No puedo dejar de quererte.
No puedo dejar de echarte de menos.