No es el mero hecho de que cambies y estés distinto, sino que esto implica que te va a influir. Es una limitación, un condicionamiento de malestar personal que se ve reflejado en tu relación con los demás. Y es que, cuando uno está mal consigo mismo, va a tener problemas con los demás: no va a estar cómodo, tendrá esa tendencia a pagarla con los demás, porque los problemas de uno son demasiado grandes e importantes y los ajenos no. Se crea un ciclo retroalimentativo destructivo en que tu actitud se basa en el pensamiento egoísta de "mi mundo y mis problemas", sin parar a pensar en si los demás tienen problemas o no.
Nosotros, concretamente, estamos en una de las épocas más conversas de nuestra vida. Se nos están juntando muchos problemas a todos y, cuando digo todos, quiero decir a todos... Así que no puedo garantizar que este camino vaya a ser idílico o que no haya momentos en los que acabaremos llorando, en los que todo se nos destruya frente a nosotros. Marcar la diferencia consiste en que, en el tiempo, uno sea capaz de "apartar" los problemas, para comprender a los demás. Todo es más fácil si tienes a alguien que intenta arreglarte.
Hace semanas, pasé una de estas épocas, en las que un conjunto de circunstancias personales de diversa índole me aplastaba. Yo creía en mis problemas y no era consciente de los de los demás. Sí, era destructivo, conmigo mismo y con los demás.
Me di cuenta de que era insostenible y que un cambio era necesario. Estaba arrepentido. Me hice unas promesas y, desde entonces, intento cumplirlas siempre que puedo. He arreglado algunas cosas, pero otras todavía están sin resolver. Todavía hay mucho que andar...
¿Son estas promesas extravagantes? No lo creemos. Están cumpliéndose entre nosotros, a veces rápidamente, a veces lentamente. Pero siempre se realizarán si trabajamos por ello.
- Vamos a conocer una libertad y felicidad nuevas.
- No nos lamentaremos del pasado, ni intentaremos cerrar la puerta que nos conduce a él.
- Comprenderemos el significado de la palabra serenidad y conoceremos la paz.
- No importa cuán bajo hayamos caído, veremos cómo nuestra experiencia beneficiará a otros.
- El sentimiento de inutilidad y lástima de nosotros desaparecerá.
- Perderemos el interés en las cosas egoístas y nos interesaremos por nuestros semejantes.
- La ambición personal se desvanecerá.
- Nuestra actitud y visión de vida cambiarán.
- Perderemos el miedo a la gente.
- Perderemos el miedo a la inseguridad económica.
- Intuitivamente sabremos cómo comportarnos en situaciones en las que antes nos sentíamos desorientados.
- Repentinamente nos daremos cuenta de que Dios está haciendo por nosotros más de lo que éramos capaces de hacer por nosotros mismos.
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