Y, más tarde, pasa el tiempo y ese conocido pasa a ser tu amigo, y vivís experiencias juntas: lloráis, reís, os divertís, os emocionáis, saltáis, gritáis, peleáis... Está allí cuando necesitas que alguien te arregle y acaba siendo una persona importante en tu vida.
Luego piensas y... ¿cómo le conocí? Muchas veces tiene su gran historia; lo piensas y suele aparecer alguna curiosidad, cualquier elemento gracioso. Es fascinante. Son pequeños detalles. A mí, a veces, me da la sensación de que existen porque algo que desconocemos nos coloca ahí, como si hubiera algo que diga que ese era mi sitio, que mi destino era este, que hay un plan esperando para cumplirse.
Luego piensas y... ¿cómo le conocí? Muchas veces tiene su gran historia; lo piensas y suele aparecer alguna curiosidad, cualquier elemento gracioso. Es fascinante. Son pequeños detalles. A mí, a veces, me da la sensación de que existen porque algo que desconocemos nos coloca ahí, como si hubiera algo que diga que ese era mi sitio, que mi destino era este, que hay un plan esperando para cumplirse.
Todos estos detalles son mareas, corrientes; no vale la pena luchar contra ellas, porque simplemente estarán ahí. Si verdaderamente sientes que algo tiene sentido, te dejas llevar y, con fe ciega, confías en que las cosas acaben bien, en que esa ola te arrastre a donde perteneces, a tu hogar, tu lugar.
Con los años y la nostalgia, nos daremos cuenta de que cada vez que conocemos a alguien, un mecanismo se va perfeccionando, como si fuera un reloj articulado que monta sus piezas para que marque la hora justa. Somos el resultado de las personas que entran en nuestra vida y de las experiencias que vivimos con ellas. No dejes de olvidar estos pequeños detalles, que acaban por definir quién eres y, sobre todas las cosas, ama a las personas que te rodean, porque algún día, ese amor retornará a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario