¿Sientes cómo la soledad te arranca la piel? ¿Sientes cómo las nubes de tormenta entran en tu cabeza? Sí, notas los rayos, notas la lluvia y las gotas. Intentan escapar de ti, pero no pueden. Y te quedas ahí sentado, sin hacer nada. No esperas nada, salvo que pase el tiempo y piensas en qué pasará dentro de un par de semanas, pero no te das cuenta de que no puedes llegar al final de un puente si no pasas por una parte colgante sobre el vacío. ¿Pretendes cruzar puentes en el cielo?
Miras hacia el infinito, suavemente, pero no ves nada, no llegas a la superficie, únicamente puntos e imágenes desenfocadas y falsas. ¿Acaso te gustaría dar un paseo por un camino erosionado de recuerdos y porvenires, sin saber, siquiera, tu meta, ni qué será de ti cuando pase el tiempo?
Te sientes como un sistema aislado. Eres débil. Tu entropía aumenta. No vas a hacer nada ya, es demasiado tarde y las manecillas del reloj corren en tu contra, propulsadas por el deseo de esa imagen que ves en el espejo; esa imagen que solo ves cuando la miras a la cara y te enseña lo que quieres ver, pero no lo que hace cuando le das la espalda. ¿Qué puedes hacer? Crees que nada, simplemente seguir por el camino, esperando llegar al momento.
Tal vez esta sea tu oportunidad para irte lejos, para tu éxodo, para rescatar lo poco que queda de ti a otro lugar, que volverás a destruir, solamente, por tus propias y mismas acciones de siempre. Redención...
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